FUNCIÓN DIRECTIVA PÚBLICA- GOBERNANZA- GENERACIÓN DE VALOR
PÚBLICO
Tantas veces se habla de tópico, como surgió en la mesa
redonda “La función pública a debate”, pero los que procedemos de la
administración local sabemos que no lo es. El uso que se le da a la figura del
personal eventual no siempre es el adecuado para dar valor a la estructura
organizativa en vista al desarrollo del proyecto a 4 años. Es entonces cuando
aparece la “tensión de legitimidades”.
Cada inicio de legislatura me surgen los mismos
planteamientos, las mismas dudas… las mismas reflexiones.
¿Qué pasaría si en una empresa cualquiera, de un sector
cualquiera, contrataran a un director o directora general que desconociera el
sector, que no tuviera ninguna experiencia en “management”, ni tan solo hubiera
desarrollado ningún puesto de mínima responsabilidad en sus experiencias
anteriores?
A nadie se le ocurre
hacer este tipo de experimentos en la empresa privada, porque, obviamos las
consecuencias. ¿Y por qué lo permitimos en la Administración Pública?. Esto que
parece un chiste, en el ámbito local pasa demasiado a menudo. Equipos de
técnicos competentes, con años de experiencia, tienen que someterse al
desconocimiento e inexperiencia del/ la recién nombrado/a. Si hay suerte y es
buena persona… se le podrá conducir, pero si es de esos personajes que se defiende
de su incompetencia “entrando a matar”, pues recogemos cadáveres. Creo que es
una situación que no nos es desconocida a los que llevamos unos años por aquí.
Estas figuras acaban ocultando su ineptitud acusando al funcionariado , y es
cuando entonces, aparece esa figura del funcionario tan denostado.
Este hecho desprestigia la figura del propio directivo
público profesional, quien, además, debe lidiar con este perfil de personal
eventual, intentándolos integrar, acompañar y amortiguar el impacto de sus quehaceres
en el ámbito competencial que le hayan asignado, cuestión que también suele
crear desasosiego, frustración.
En mis pensamientos siempre circulan dos teorías, intentando
dar sentido a esta circunstancia:
1.-Nada es casual. Es más fácil manejar hacia tu objetivo al
que no tiene ni idea de hacia donde va, porque no te cuestionará el camino…
2.- La condición de político habita en un mundo paralelo en
el que las cosas funcionan de otra manera, y en el que el valor de la
“confianza” es tal que puede suplir cualquier carencia competencial para el
desarrollo del cometido.
CÓMO NO VAN A EXISTIR TENSIONES + FRUSTACIONES +
RESISTENCIAS+….? cuando legislatura tras legislatura se cruzan los dedos para
que no se nos incorpore un/a iluminado/a…
Sí, es
necesario regular la figura del/la directivo/a público/a profesional si
pretendemos hablar de gobernanza y generación de valor público en términos
reales y posibles. Porque la
Administración está falta de perfiles que tengan las competencias estratégicas
requeridas en la Administración, las competencias cualitativas transversales y
de función directiva adecuadas, para que
sea una figura motor: impulsora,
desarrolladora, facilitadora, sinergiadora, motivadora de los equipos; potenciadora y dinamizadora de las habilidades
y capacidades de los empleados públicos, que son los que poseen la
competencia técnica, “know-how, el conocimiento adecuado para ejecutar. Sólo
así vamos a poder llegar a pensar en la posibilidad de avanzar.
Tenemos claro que, en estos momentos, los avances
tecnológicos están abriendo nuevos escenarios en la Administración Pública. Los empleados
públicos tenemos la responsabilidad de ser capaces de aprovechar el impulso que
da la entrada en vigor de las leyes 39 y 40 de 2015, ordenar nuestras interrelaciones,
establecer mecanismos reales de gestión del conocimiento, tener la voluntad de
“poner en circulación” toda la
información común para poder cumplir con
la responsabilidad de gestionar lo más eficazmente posible el sistema y que
nuestros “líderes” nos dirijan hacia la gobernanza y la
generación de valor público.
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