viernes, 10 de febrero de 2017

FUNCIÓN DIRECTIVA PÚBLICA- GOBERNANZA- GENERACIÓN DE VALOR PÚBLICO

Tantas veces se habla de tópico, como surgió en la mesa redonda “La función pública a debate”, pero los que procedemos de la administración local sabemos que no lo es. El uso que se le da a la figura del personal eventual no siempre es el adecuado para dar valor a la estructura organizativa en vista al desarrollo del proyecto a 4 años. Es entonces cuando aparece la “tensión de legitimidades”.
Cada inicio de legislatura me surgen los mismos planteamientos, las mismas dudas… las mismas reflexiones.

¿Qué pasaría si en una empresa cualquiera, de un sector cualquiera, contrataran a un director o directora general que desconociera el sector, que no tuviera ninguna experiencia en “management”, ni tan solo hubiera desarrollado ningún puesto de mínima responsabilidad en sus experiencias anteriores?

 A nadie se le ocurre hacer este tipo de experimentos en la empresa privada, porque, obviamos las consecuencias. ¿Y por qué lo permitimos en la Administración Pública?. Esto que parece un chiste, en el ámbito local pasa demasiado a menudo. Equipos de técnicos competentes, con años de experiencia, tienen que someterse al desconocimiento e inexperiencia del/ la recién nombrado/a. Si hay suerte y es buena persona… se le podrá conducir, pero si es de esos personajes que se defiende de su incompetencia “entrando a matar”, pues recogemos cadáveres. Creo que es una situación que no nos es desconocida a los que llevamos unos años por aquí. Estas figuras acaban ocultando su ineptitud acusando al funcionariado , y es cuando entonces, aparece esa figura del funcionario tan denostado.

Este hecho desprestigia la figura del propio directivo público profesional, quien, además, debe lidiar con este perfil de personal eventual, intentándolos integrar, acompañar y amortiguar el impacto de sus quehaceres en el ámbito competencial que le hayan asignado, cuestión que también suele crear desasosiego, frustración.
En mis pensamientos siempre circulan dos teorías, intentando dar sentido a esta circunstancia:
1.-Nada es casual. Es más fácil manejar hacia tu objetivo al que no tiene ni idea de hacia donde va, porque no te cuestionará el camino…
2.- La condición de político habita en un mundo paralelo en el que las cosas funcionan de otra manera, y en el que el valor de la “confianza” es tal que puede suplir cualquier carencia competencial para el desarrollo del cometido.

CÓMO NO VAN A EXISTIR TENSIONES + FRUSTACIONES + RESISTENCIAS+….? cuando legislatura tras legislatura se cruzan los dedos para que no se nos incorpore un/a iluminado/a…
Sí, es necesario regular la figura del/la directivo/a público/a profesional si pretendemos hablar de gobernanza y generación de valor público en términos reales y posibles.  Porque la Administración está falta de perfiles que tengan las competencias estratégicas requeridas en la Administración, las competencias cualitativas transversales y de función directiva adecuadas, para  que sea una figura  motor: impulsora, desarrolladora, facilitadora, sinergiadora, motivadora de los equipos;  potenciadora y dinamizadora de las habilidades y capacidades de  los  empleados públicos, que son los que poseen la competencia técnica, “know-how, el conocimiento adecuado para ejecutar. Sólo así vamos a poder llegar a pensar en la posibilidad de avanzar.


Tenemos claro que, en estos momentos, los avances tecnológicos están abriendo nuevos escenarios en la  Administración Pública. Los empleados públicos tenemos la responsabilidad de ser capaces de aprovechar el impulso que da la entrada en vigor de las leyes 39 y 40 de 2015, ordenar nuestras interrelaciones, establecer mecanismos reales de gestión del conocimiento, tener la voluntad de “poner en circulación”  toda la información común para poder cumplir  con la responsabilidad de gestionar lo más eficazmente posible el sistema y que nuestros  “líderes”  nos dirijan hacia la gobernanza y la generación de valor público.